
Una vecina de Beniaján usa la calle como desagüe y desespera a sus vecinos
En Beniaján todavía quedan personas que entienden la vida común de una manera más propia de otros tiempos. Si a diario se sufre el incivismo que supone dejar la basura en cualquier lugar, hacer caso omiso a los horarios de depósito de enseres en los puntos de recogida, o no recoger las deposiciones de las mascotas ni arrojar agua a sus micciones, esto parece que no es suficiente para quienes consideran la vía pública el lugar natural donde está permitida toda muestra de falta de higiene e insalubridad.
Arrojar aguas sucias desde la ventana, como norma de comportamiento, está llevando al límite a unos vecinos de Beniaján, cansados de soportar cómo una vecina no atiende a razones, a pesar de las múltiples advertencias y alguna que otra trifulca verbal por su incivismo. Y es que una cosa es verter aguas sucias directamente en los imbornales, y otra arrojarla sin más en la vía pública, desde la ventana de su vivienda, de manera recurrente.
Estas acciones están prohibidas por las ordenanzas municipales, y no por capricho. El agua utilizada para fregar una vivienda arrastra restos de suciedad, materia orgánica, partículas y los productos utilizados durante la limpieza, entre ellos detergentes y otros compuestos, que terminan sobre el pavimento cuando se vierte.
El problema que esto ocasiona puede resultar menos visible ahora en verano, cuando las altas temperaturas hacen que el agua se evapore con rapidez. Pero lo que se evapora es el agua, no la suciedad y los productos químicos que contiene. En invierno, cuando la evaporación es más lenta, el agua permanece más tiempo sobre la superficie. Si esas aguas sucias se vierten sistemáticamente cada pocos días en el mismo punto, los residuos se van acumulando y terminan contaminando la zona. Es, por tanto, un problema de salud pública que afecta a un espacio por el que transitan personas y animales de compañía.
En este sentido, cabe recordar que el artículo 11.2 de la Ordenanza de Limpieza Viaria del Ayuntamiento de Murcia establece que «queda prohibido realizar cualquier actividad que pueda ensuciar la vía o los espacios públicos». El mismo artículo, en su apartado primero, prohíbe arrojar a la vía pública todo tipo de residuos o desperdicios. (Ordenanza de Limpieza Viaria del Ayuntamiento de Murcia)
El incumplimiento de esta prohibición tiene, como es lógico, consecuencias. El artículo 6 establece que la autoridad municipal exigirá su cumplimiento y obligará al causante del deterioro a reparar la afección causada, sin perjuicio de las sanciones que puedan corresponder. En caso de incumplimiento, el Ayuntamiento podrá acordar la ejecución subsidiaria de la reparación a costa del obligado.
Y son los propios vecinos quienes pueden poner estos hechos en conocimiento del Ayuntamiento. El artículo 7 de la Ordenanza establece que los ciudadanos pueden denunciar las conductas que puedan constituir infracciones y que el Ayuntamiento atenderá esas reclamaciones y denuncias, ejerciendo las acciones que correspondan.
En cuanto a las sanciones, la conducta descrita tiene la consideración de infracción leve conforme al artículo 78.1 de la Ordenanza. Estas infracciones se sancionan con multas de entre 30 y 150 euros, según establece el artículo 79.
La reiteración de la conducta también tiene consecuencias a efectos de la sanción. El artículo 80 establece que, para graduarla, se tendrán en cuenta, entre otras circunstancias, la intencionalidad o reiteración, los perjuicios causados y la reincidencia. Además, el artículo 78.2.a) establece que una segunda infracción leve dentro del plazo de un año se sancionará como grave, siempre que la primera haya sido sancionada mediante resolución firme en vía administrativa.
La denuncia ante el Ayuntamiento, que puede presentarse por vía electrónica a través de su Sede Electrónica, constituye una medida que muchos vecinos preferirían no tener que adoptar. Pero cuando una conducta incívica se repite pese a las reiteradas advertencias, cuando quienes la protagonizan hacen caso omiso de ellas y, además, su actitud acaba generando conflictos de vecindad, denunciar puede convertirse en la última opción para poner fin a una situación que por otros medios no ha sido posible resolver.



