
¿Gracias de qué, señor alcalde? ¡No en mi nombre!
Por eso, a mí, y perdónenme lo vulgar, eso de dar las gracias porque cada equis tiempo vengan a retirar de la puerta de mi casa la mierda que se va acumulando durante semanas y meses ni me da la gana ni permito que el señor alcalde las dé en mi nombre.
Los vecinos de Beniaján no tenemos por qué dar las gracias a ningún servicio público por el desarrollo de sus funciones, máxime cuando estas se sufragan con el importe de las tasas e impuestos que pagamos. Una cosa es dar las gracias como muestra de cortesía a las personas con las que interactuamos en nuestra vida cotidiana y otra muy distinta agradecer a un servicio público el cumplimiento de las funciones que tiene encomendadas.
Ser educado y dar las gracias es una convención social que sirve para hacer agradables las interacciones cotidianas entre personas: uno da las gracias a la persona que te atiende en la caja de un supermercado, que te sirve el desayuno en tu establecimiento hostelero preferido o cuando te ceden el paso o el asiento en el autobús, etc.
Dar las gracias es, pues, un signo de buena educación que, a menudo, nuestros políticos convierten en muestra de justificación por el desempeño de sus funciones o, peor aún, de pleitesía de los ciudadanos hacia las instituciones.
Si, además de esto, añadimos que se dan las gracias por hacer lo debido, pero semanas o meses después de cuando se tenía que haber hecho, la gratitud se muestra casi como recochineo.
Sin embargo, la política de comunicación de nuestro alcalde pedáneo, en el único lugar donde se pronuncia oficialmente, muestra esta manía de agradecer públicamente a quienes cobran todos los meses un sueldo que sale de nuestros bolsillos por la labor que desempeñan.
Resulta curioso que el responsable de nuestra pedanía saque pecho y agradezca que se realicen labores que tendrían que ejecutarse a diario. Y es más chocante que, además, lo haga mediante una construcción gramatical en la que reconoce implícitamente que aquello que tendría que ser lo normal se convierte en una excepcionalidad por la cual debemos mostrar regocijo y gratitud.
Porque, exactamente, ¿qué tenemos que agradecer los ciudadanos a los servicios de limpieza del Ayuntamiento? Veamos cómo estaban hace tres días varias de las calles que nos muestra nuestro presidente de la Junta Municipal de Beniaján como hitos del servicio de limpieza municipal por los cuales sentirnos agradecidos.
No parece, a tenor de la realidad de los hechos, que se hubiera observado durante los meses anteriores la debida atención para mantener esas calles en óptimas condiciones, por lo que convierte ese «poco a poco», con el que Francisco Nicolás aclara que se hacen las cosas, en uno de los eslóganes que definen estos tres años y medio de su legislatura.
Esto me lleva a preguntarme cuál es el problema. Los ciudadanos y empresas de Beniaján contribuimos con el pago de impuestos y tasas en la misma medida que lo hacen los vecinos del centro de Murcia. Ello tendría que repercutir, como mínimo, en que pudiésemos disfrutar de los servicios públicos básicos, como son la limpieza viaria, en las mismas condiciones. Sin embargo, no solo no es así, sino que objetivamente podemos decir que la brecha entre lo que recibimos y lo que reciben los ciudadanos del centro de Murcia se agranda año a año.
Y la culpa no es, déjese esto bien claro, de los trabajadores de la empresa que se encarga de ofrecer dichos servicios, porque estos no actúan motu proprio para decir dónde, cuándo y cómo intervenir. Por lo tanto, el problema es de índole organizativo: de cómo se gestiona la plantilla, los recursos materiales y las decisiones que se toman para que se alcance a ofrecer a toda la población los servicios por los cuales pagamos sin remedio.
Y en esto, con su cuota alícuota de responsabilidad, nuestro señor alcalde pedáneo tiene mucho que decir, en tanto que su función es representar los intereses de Beniaján y sus vecinos y, tal vez, sería exigible a su cargo que, de manera periódica, recorriese las calles de la pedanía, barrio a barrio, para saber de primera mano cómo vivimos los beniajanenses. Porque la mayoría no vivimos en torno al jardín de Monteazahar ni en las dos o tres calles donde los servicios de limpieza se afanan para tenerlas en condiciones mínimas de presencia e higiene.
Por eso, a mí, y perdónenme lo vulgar, eso de dar las gracias porque cada equis tiempo vengan a retirar de la puerta de mi casa la mierda que se va acumulando durante semanas y meses ni me da la gana ni permito que el señor alcalde las dé en mi nombre.




Esto que voy a decir no tiene nada que ver con el artículo, ya dije mi opinión sobre la situación de la limpieza de las calles del pueblo.
Hoy le pido a usted que haga un artículo sobre la chapuza que ha hecho el ayuntamiento de Murcia y nuestro pedaneo con el cambio de dirección de la calle donde se hace todos los viernes el mercado, dirección única hacia el jardín de la fuente y la mayoría de conductores tanto de coches, furgonetas de reparto y motos, siguen entrando en dirección prohibida es decir en sentido contrario debido a la mala señalización que han hecho, faltan señales verticales y también señales horizontales, y por supuesto no han pintado los pasos de peatones.
A ver si usted puede hacer una publicación de este tema
Buenas. Tenga por seguro que la semana que viene publicaremos un artículo sobre ello. Gracias.