
Batalla campal en Beniaján durante la madrugada del domingo
La calle Hernández Mora, escenario de nuevos altercados con intervención policial
Para los vecinos de la calle Instituto y calle Hernández Mora de Beniaján, un nuevo episodio de altercados callejeros se ha sumado esta pasada madrugada de domingo al vaso que parece no encontrar la gota que lo rebose.
Despertar a cualquier hora de la noche, alertado por ruidos de pelea provenientes de la vía pública, se ha convertido casi en rutina, los fines de semana o cualquier otro día.
En esta ocasión, a eso de la una y media de la madrugada, pocos fueron los que no salieron a ventanas y balcones a comprobar la razón de la enésima alteración del orden público, para comprobar que en las calles de Beniaján se pueden estar atizando de lo lindo grupos de personas, con la misma naturalidad con la que otras acuden al bar a tomarse un café.
El detonante de este enésimo «caso aislado» de violencia, al parecer, se produjo por la siempre desaconsejable mezcla de abuso etílico, falta de civismo —al confundir el derecho a pasárselo bien con hacer lo que a uno le dé la gana—, y a que, cuando se interioriza que no se aplica la vigilancia y el orden público, se pueden arreglar los problemas a guantazos, estacazos o lo que surja.
Según declaraciones a Beniaján al Día de testigos, la secuencia del salvaje oeste se inició cuando un grupo de personas de origen hispanoamericano estaba celebrando «a su manera» una fiesta en una vivienda de la calle Hernández Mora, con alguno de los asistentes en la vía pública, y otro grupo de personas de origen marroquí, que pasaban por el lugar, confrontaron sus respectivas ideas de cómo hay que comportarse en sociedad.
Dicen que el contenido de un cubata voló sobre una de las personas de origen marroquí, y de ahí a convertir la calle Hernández Mora en un OK Corral fue coser y cantar.
Naturalmente, los mensajes por WhatsApp y llamadas telefónicas hicieron las veces de invitación a que más sujetos se presentasen en la «verbena», para terminar de amenizar una madrugada que, a ojos de los vecinos, estaba siendo todo un espectáculo.
Al final, y después de casi una hora en la que se mascaba la tragedia —porque hay que reconocer y agradecer que no estemos lamentando una o varias desgracias mayores de milagro—, la presencia de dos patrullas de la Policía Local y un furgón de la Policía Nacional consiguieron apaciguar los ánimos.
Un episodio más que se suma a los que hemos publicado en Beniaján al Día, producidos en la misma zona: el más reciente, hace apenas dos semanas, cuando se produjo un altercado a plena luz del día, con machetes de por medio, y que pueden leer aquí; o el que también protagonizaron bandas de hispanos contra marroquíes y que pueden leer aquí.
El nivel de costumbre entre los vecinos ante estos hechos es tal que este mismo domingo, después de lo ocurrido de madrugada, a mediodía y a escasos metros, dos individuos se enzarzaron en una pelea, amenazas de muerte mediante, y nadie se molestó en hacer caso, como si fuese una estampa cotidiana.
Hay veces que las crónicas de un pueblo, como esta, hay que escribirlas de modo que parezcan una novela, porque resulta difícil asimilar que hayamos caído en este estado de degradación de la sociedad, en el cual lo que tendría que ser un hecho insólito se convierte en normalidad.
Lo peor por venir, si no se le pone remedio, es que tal vez algún día rebose el vaso y los vecinos digan basta y pongan solución drásticamente. La paciencia tiene un límite.


