
La política y sus contrapesos: cuando la oposición cumple su papel
En Beniaján tenemos suerte, porque quien toma las decisiones es más listo que los ratones colorados y enfrente tiene a un opositor, en el buen sentido de la palabra, al que no se le escapa ni una.
La semana en la que se celebra un pleno de la Junta Municipal de Beniaján siempre me deja dos o tres asuntos en los que detenerme a pensar largo y tendido sobre la política local y sobre cómo la mayoría de los vecinos vive de espaldas al devenir de las cuestiones políticas, que, a fin y al cabo, son las que modulan gran parte de aquello que hacemos en nuestras vidas, al menos en lo tocante al espacio más cercano que compartimos con nuestros semejantes.
Alguien tiene que hacer de Pepito Grillo para guardar el necesario equilibrio de las cosas y estar siempre ahí, cabroncete, para recordarles a nuestros políticos que están siendo observados.
A fin de cuentas, un dinero que se gasta aquí no se puede gastar allá; una decisión que se toma y satisface a unos enfurece a otros, y así con todo lo que se debate, aprueba y ejecuta desde ese salón de plenos de nuestro precioso e histórico palacete, sede de la Alcaldía de Beniaján que, por cierto, y antes de que se me olvide, necesita de nuestro cariño, porque el paso del tiempo no perdona y también las cosas materiales necesitan de nuestro cuidado.
En este sentido, en el de pensar en la cosa de la política, se agradece que quienes ejercen de nuestros representantes se lo tomen en serio, cada uno en su papel, sea de gobierno o de oposición. Y como ninguno hemos nacido infalibles e ilustrados, sino que con el tiempo nos vamos haciendo menos ignorantes, es normal que nos equivoquemos en lo que quiera que hagamos.
Esto facilita que este «fiscal» de poca monta no necesite estar todo el día en plan sabueso, buscándole los tres pies al gato. Errar es humano.
Pero también lo es ser «despistado» y no hacer las cosas bien por «despiste». Cuando eso ocurre dentro del marco de la política, es decir, cuando quien toma las decisiones tiene la cabeza en la luna, que nos puede pasar a todos, es bueno que enfrente esté esa oposición que lo baje a la tierra.
En Beniaján tenemos suerte, porque quien toma las decisiones es más listo que los ratones colorados y enfrente tiene a un opositor, en el buen sentido de la palabra, al que no se le escapa ni una.
Y yo que me alegro, porque me liberan de tener que meter el dedito en el ojo todo el tiempo, que todo sea dicho, lo de ser un «tocapelotas» se me da muy bien. Pero con cariño y afecto hacia quienes voy lesionando por el camino. Cada vez menos. Porque no hay necesidad y, además, donde las dan las toman.


