
Fotos, fiestas y abandono. Lo que no da votos se ignora
¡Amargado, que eres un amargado! Suelta la plebe cuando se la enfrenta a la realidad. ¡A Barrabás, queremos a Barrabás! Clama el populacho enfervorecido.
En el escenario situado en el jardín de Monteazahar de Beniaján hay una reja para impedir que las personas bajen al nivel inferior. La reja muestra una rotura, con parte de su estructura deliberadamente doblada hacia el exterior, que sirve de hueco para que los incívicos arrojen despojos a los escalones, que están llenos de porquería.
Hace unos días se celebró en el parque la entrega de trofeos de una carrera popular, usando el escenario para ello. El ejemplo de esa reja rota es lo que simboliza el abandono de los políticos hacia los asuntos que deberían atender. Nadie se molestó en comprobar el estado del escenario.
No es un caso aislado, sino la muestra del absoluto desprecio hacia los ciudadanos. Los políticos se centran en la foto oficial; en el anuncio de actuaciones que rara vez pasan del propio anuncio, mientras el pueblo de Beniaján y sus barrios se deterioran a ojos vista: más de ocho meses sin arreglar desperfectos menores, baches que ya forman parte del paisaje y ausencia del más elemental mantenimiento del mobiliario público.
En lo que va de año, según el cálculo del portavoz de VOX en la Junta Municipal de Beniaján, Jesús Illán, expresado en el pasado pleno extraordinario del día 10 del presente mes, llevamos gastados a cuenta del erario la cantidad de 15.707 euros en mantenimiento del pueblo, siendo el gasto en fiestas, eventos culturales, viajes y suministros de 73.741 euros, que se verán aumentados antes de que finalice el mes por los mismos conceptos en otros casi 50.000. Vean el vídeo.
Creo que el problema está claro. Arreglar la reja no facilita aplausos, parabienes, fotos oficiales ni gestión electoral. Arreglar la reja, como arreglar un bache, o reponer una losa rota de una acera, va restando, además, migajas del presupuesto con el que se puede deslumbrar a una parte de la vecindad, que vive esperando la diversión con la que evadirse de la realidad.
Muchos pocos hacen un mucho. Y sin el mucho no se puede organizar una fiesta que nos va a costar ella sola casi el triple de lo que llevamos gastado en arreglar el pueblo. Ni se pueden «subvencionar» los viajes aquí y allá de esta o aquella asociación, ni tampoco regalar flores de Pascua en Navidad por cientos, que, como todos sabemos, solucionan estados de ánimo y situaciones precarias de quienes encantados las reciben, creyendo que así le están dando buen uso al dinero público. ¡Dónde va a parar! Entre que nos paguen el autobús para ir un sábado de viaje a Caravaca de la Cruz y que nos arreglen ese tramo impracticable de acera, en la cual se han estampado ya varias personas, no hay duda: el viaje, por supuesto.
¡Amargado, que eres un amargado! Suelta la plebe cuando se la enfrenta a la realidad. ¡A Barrabás, queremos a Barrabás! Clama el populacho enfervorecido.
Esto es tan viejo como la propia historia de la humanidad. Y los políticos lo saben. Por eso la reja seguirá igual dentro de una semana, un mes, un año. Y por eso, para que solucionen un problema menor, hay que esperar a que se cuadren los presupuestos para fiestas, eventos culturales, viajes y suministros.
¡A Barrabás, queremos a Barrabás! Claman los del golpe en el pecho.



