
La rambla del Garruchal se pone guapa para las elecciones
Porque a los políticos no les debemos nada. Ni a unos ni a otros. Porque nada hacen que paguen de su bolsillo. Por eso resulta insultante ver cómo en apenas un mes se están haciendo más intervenciones públicas que en los últimos tres años.
Estos días se escucha por aquí y por allá que no hay nada como que se convoquen elecciones para que los políticos se pongan a hacer cosas por el pueblo. Y es totalmente cierto. Tendrían que celebrarse anualmente.
La limpieza de la rambla del Garruchal, a la altura del puente del Bojar, en su tramo hacia la ermita de la Sagrada Familia, es todo un acontecimiento que, más o menos, sabíamos que ocurriría llegadas las próximas elecciones municipales y autonómicas de mayo del año que viene. Pero la convocatoria de elecciones generales, que se celebrarán este mismo mes, ha precipitado una cascada de actuaciones por parte del Ayuntamiento de Murcia que nos dejaría atónitos de no ser porque ya nos conocemos el cuento.
Después de negar el hecho de que la limpieza de la rambla del Garruchal a su paso por los tramos urbanos le correspondía y de alegar incluso falta de medios económicos para actuar, las prisas por presentarse ante los vecinos como gestores eficientes han mutado la cerril obstinación del Gobierno popular con respecto a la higiene de la rambla en un ejercicio de poder sin igual: donde antes no les correspondía, ahora les corresponde; cuando antes no tenían dinero para asumir la limpieza, ahora aparece, ya veremos de dónde, pero aparece.
Y esto no significa que no tengamos que alegrarnos por el hecho primordial, que es que por fin se esté interviniendo en un espacio que lo reclamaba desde hace años. Alegría, pero con mesura.
Porque a los políticos no les debemos nada. Ni a unos ni a otros. Porque nada hacen que paguen de su bolsillo. Por eso resulta insultante ver cómo en apenas un mes se están haciendo más intervenciones públicas que en los últimos tres años.
Pero, con todo, lo peor no es saber que nos toman el pelo, sino saber que en unos días se pasearán de aquí para allá, buscando la foto electoral por doquier; presumiendo de haber hecho esto y aquello, que estará fresco en la memoria por estar todo recién hecho. Y lo más doloroso es que les funciona.
Les funciona porque, elección tras elección, renuevan el mandato que les da el pueblo, el mismo pueblo que luego se queja durante tres años y medio de que todo está fatal, para luego regresar al redil, con su espejito de regalo a cambio del oro convertido en voto.
Por eso, que estén limpiando la rambla del Garruchal no es tan buena noticia, porque, conociendo el paño, lo que nos indica es que estamos en campaña electoral, ergo, un poco más cerca de reiniciar el ciclo de la tomadura de pelo.
Ya saben: tres años y medio a la sopa boba y el último medio año regalando espejitos a cambio del voto.



