
Una reyerta sorprende a los vecinos de Beniaján
Los vecinos de la calle Instituto y calle Minerva presenciaron cómo varios individuos protagonizaban un violento altercado en plena vía pública
En el día de ayer, los vecinos de la calle Instituto y la calle Minerva de Beniaján vivieron en primera persona una escena más propia de películas de pandilleros que de lo que se supone debe ser un domingo cualquiera en un país civilizado, donde el orden impera y los ciudadanos no tienen que asistir aterrados a reyertas que ponen los pelos de punta.
Según pudo saber esta redacción, alrededor del mediodía, un grupo de individuos, todos ellos varones de procedencia hispanoamericana, que viajaban en una furgoneta de color negro, se enzarzaron en un enfrentamiento con los ocupantes de otro vehículo, de origen magrebí, en el que iban tres personas, al parecer por culpa de una discusión de tráfico previa, sin que podamos asegurarlo. Todo ello ocurrió bajo la mirada atónita de los vecinos que, alertados por el ruido, salieron a los balcones de las viviendas a ver qué ocurría, y de los viandantes y clientes de un conocido negocio ubicado en la zona, que no daban crédito a la escena.
La discusión, que nunca debe ser la manera de solucionar nada, fue subiendo en intensidad, sobre todo ante la agresividad de los ocupantes de la furgoneta, varios de los cuales, y sin atender a los reproches de los vecinos, iniciaron el uso de la fuerza y la agresión contra uno de los ocupantes del otro vehículo, propinándole patadas y puñetazos.
El temor de los atónitos asistentes era que se presentasen en el lugar de los hechos familiares y amigos del agredido, vecinos de la zona, y que todo terminase en una batalla campal, en medio de una calle tranquila y a ojos de todo el mundo.
Afortunadamente, y viendo que estaban siendo grabados por los vecinos, y que estos amenazaban con llamar a la policía y a la Guardia Civil, los agresores, no sin la reticencia de varios de ellos, accedieron a subir a la furgoneta y poner pies en polvorosa, dejando al agredido con un corte en el labio y varios golpes por el cuerpo.
Durante los diez o quince minutos en que se desarrolló toda la escena, la incredulidad vecinal dejó paso a la indignación y la prepotencia al comprobar con qué facilidad se puede romper el equilibrio del orden público, y con qué desprecio por la vida ajena se conducen ciertos individuos, que no deben tener cabida en nuestra sociedad.
Debemos, no obstante, dar gracias a que todo se haya quedado en lo expuesto y no tengamos que estar lamentando una desgracia. Esto nos recuerda la importancia que tiene la presencia policial en nuestras calles y barrios, como herramienta disuasoria y de respuesta rápida ante cualquier circunstancia que lo requiera.
En casos como este, nuestra recomendación es la de llamar inmediatamente a la policía o Guardia Civil, sin demora ni esperar acontecimientos. Ante el más mínimo indicio de cualquier circunstancia que deba requerir su presencia, lo inteligente es prevenir antes de curar.
Recordamos a nuestros lectores que pueden acceder a una guía de teléfonos de interés que, en estos casos, u otros en los que se necesite ayuda, son de gran utilidad. Pueden acceder a ella aquí.

