
La ideología no resuelve problemas. El caso de VOX en Los Ramos
Pero imaginad que, para adherirme a una causa social, tenga que montar una especie de examen selectivo, donde depure si los promotores son de «los míos» o de «los otros» y, en función del resultado, formar parte de los adheridos o de los enfrentados.
Los problemas de la ciudadanía no se solucionan untando la «pomada ideológica» que a cada uno le parezca el mejor bálsamo de Fierabrás. Al contrario, aplicar ideología a todos los problemas sociales nos aleja de cualquier solución satisfactoria, porque su propia receta implica confrontación social. Pero seguimos pensando en función del «YO» y el «NOSOTROS», en contraposición a los demás, que no son «YO» ni «NOSOTROS».
Por eso es fácil ver a personas cabalgando contradicciones, como la de estar en contra de la delincuencia y del racismo y, al mismo tiempo, atacar a quienes están en contra de la delincuencia por considerar que lo que hacen es apología del racismo.
En esto, VOX se lleva todas las bofetadas, porque basta con que un miembro de VOX exprese y denuncie la delincuencia que somete, en estos momentos, a cualquier rincón del municipio de Murcia para que le llueva encima el epíteto de racista, usualmente aderezado con el de fascista. Dos por uno.
Y da igual lo que expresen los datos sobre los delitos cometidos. Las estadísticas siempre estarán manipuladas por «los racistas» para equivocar a una opinión pública a la que, como a la justicia, se le supone ceguera, sordera y mudez.
Quien esto firma reconoce estar muy preocupado por la escalada de delincuencia que sufrimos en estos últimos años. Por eso no me permito el lujo de desoír lo que cualquiera tenga que expresar para solucionar un problema que, en algunas pedanías, afecta de manera grave a sus vecinos.
Del mismo modo, no me importa de dónde surja una reivindicación social si la considero justa, como la de «Cine Rex Vivo», que apoyo sin importarme la capa ideológica de quienes la lideran. Y podría añadir la lucha justa para salvar el Mar Menor; la que libran las personas voluntarias que cuidan las colonias de gatos para que el Ayuntamiento de Murcia cumpla con sus obligaciones legales; o la de cualquier particular que se vea en la necesidad de iniciar una batalla contra el poder para defender sus derechos. Si me parece justa, ahí estaré.
Pero imaginad que, para adherirme a una causa social, tenga que montar una especie de examen selectivo, donde depure si los promotores son de «los míos» o de «los otros» y, en función del resultado, formar parte de los adheridos o de los enfrentados.
Porque esa es otra: hay una batalla más canalla que cualquier otra, que consiste en oponerse a algo solo porque lo promueve alguien que no es «YO» ni «NOSOTROS».
De este modo —tristemente lo compruebo a diario—, hay muchas luchas y reivindicaciones sociales que me parecen justas y que no prosperan porque incluso quienes podrían beneficiarse de ellas las consideran hostiles.
Observemos por un instante la lucha por salvaguardar la esencia del Cine Rex. Lo miremos como lo miremos, estamos hablando de hacer de todos lo que ya es un patrimonio histórico murciano. Un emblema. Una seña de identidad. Y una herencia para el mañana de nuestros descendientes.
Pero no cuaja entre la mayoría de los murcianos, no porque lo vean como algo injusto, inoportuno o falto de valor, sino porque identifican a los promotores de la iniciativa como no «YO» ni «NOSOTROS». O sea, que los ven como «esa otra gente», sus enemigos. Ahora bien, ¿qué ocurriría si el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Murcia diese un volantazo, donde dije digo, dijese Diego, y pasase a liderar la recuperación del Cine Rex como emblema de la ciudad?
Para decenas de miles de murcianos, responder a esta pregunta no supondría un gran aprieto ético, porque otra de las interferencias de las ideologías es que sirven para que quienes se adhieren a ellas no sufran ni el más mínimo remordimiento de conciencia al cambiar de opinión. Si donde se decía que jamás de los jamases ahora hay que decir sí, por supuesto, pues se dice, y además con la misma intensidad.
Volviendo a lo de VOX, la delincuencia y el racismo, es fácil ver que lo que acabo de explicar opera milimétricamente en Los Ramos, pedanía que está sufriendo un grave problema de inseguridad ciudadana. Si lo denuncia VOX, es racismo y fascismo. Punto. Si luego sufrimos las consecuencias de esa delincuencia, lloramos y pedimos que se articulen medidas correctoras. Pero sin ser racistas. Ojo.
El problema, cuando hablo de que hay personas que cabalgan contradicciones, es que a la realidad de las cosas le importa una higa la ideología de usted, la mía o la de ese «YO» y «NOSOTROS».
Aristóteles, para situarnos en lo que quiero expresar, nos hablaba del principio de no contradicción: A es A y no puede ser B; si es B, entonces ya no es A. Sencillo.
Los fenómenos sociales —la delincuencia es uno de ellos— operan, además, conforme a relaciones de causa y efecto. Es decir, si queremos acabar con el efecto, antes tenemos que conocer la causa.
Y la causa será la que sea, con independencia de que el efecto lo denuncie VOX, Agamenón o su porquero. De igual manera que, para examinar si es justa la causa que lleva a una gente a querer un «Cine Rex Vivo», salvar el Mar Menor o cuidar de las colonias de gatos callejeros, habrá que examinar los argumentos que se aportan, los aporte Agamenón o su porquero.


