
Denuncian a una doctora de Beniaján por negarse a atender a un paciente de 80 años
Mi padre de 80 años con úlcera en el pie quedó sin cura: mi denuncia contra una doctora de Beniaján
Como hijo de un paciente de 80 años cuya salud es delicada, me veo en la necesidad de hacer una denuncia pública sobre la vergonzosa atención que recibió mi padre el sábado 11 de julio en el Centro de Salud de Beniaján por parte de la médica que estaba de guardia aquel día.
Mi padre, que padece diabetes y severos trastornos circulatorios, arrastra una úlcera en el pie con riesgo de gangrena. Desde enero pasado, el Servicio Murciano de Salud le había pautado un protocolo de curas ineludibles en días alternos.
Sin embargo, tras un ingreso hospitalario que rompió esa rutina durante tres jornadas seguidas, amaneció en su casa —situada a pocos pasos del centro sanitario— con un fuerte mareo, decaimiento general y un dolor tan intenso en el pie que le impedía por completo caminar. Por ello, acudí al centro para solicitar una visita a domicilio. En ese instante, la sala de espera estaba vacía y no había pacientes pendientes. La facultativa de guardia y una enfermera accedieron de inicio a desplazarse, dada la cercanía y la existencia de otro enfermero para cubrir la consulta ordinaria.
Ya en el domicilio, la doctora tomó las constantes vitales de mi padre y determinó que debía derivarlo al hospital para hacerle un análisis. Pero, para mi estupor y desazón, se negó rotundamente a realizar la limpieza de la úlcera, pese a que mi padre exterioriza a su dolor y su historial reflejaba claramente la necesidad urgente de no demorar más la cura de la herida.
El comportamiento de esta facultativa resultó, como mínimo, denigrante. Delante de mí y de un testigo, espetó literalmente: «Bastante he hecho con venir a tomarle las constantes», dando a entender que su presencia allí era como una especie de favor, en lugar una prestación sanitaria obligada.
Además, intentó justificarse asegurando que el volante de derivación al hospital de referencia ordenaba explícitamente efectuar allí la cura, pero al revisar el documento comprobé con absoluta certeza que no aparecía tal indicación en ningún lado. Cuando le pregunté, señalando el papel «¿dónde pone eso», la médica esquivó la respuesta, ordenó a la enfermera que me ignorara y abandonó la vivienda sin hacer la cura.
La omisión de una intervención que habría durado apenas unos minutos tuvo efectos muy graves. De hecho, el lunes 13 de julio, tan solo 48 horas después, mi padre tuvo que ser trasladado de nuevo con urgencia al hospital. Allí le diagnosticaron una infección bacteriana en la úlcera con celulitis que ya afectaba a todo el pie y alcanzaba el tobillo. Una infección que, sin duda, se habría aliviado o prevenido con la cura que la facultativa se empeñó en no realizar.
Resulta inadmisible que, en pleno siglo XXI, un anciano dependiente reciba semejante desprecio por parte de quien tiene el deber de prestar un servicio público esencial para aliviar su sufrimiento.
J.E.R Vecino de Beniaján



