
Tu libertad no está por encima de la de los demás.
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Vivimos rodeados de personas que piensan de otra manera, hacen las cosas de otra manera y tienen preferencias distintas de las nuestras. No podemos esperar que todo esté diseñado a nuestra medida. Tenemos derecho a expresar lo que nos molesta, por supuesto. Pero también tenemos la responsabilidad de decidir qué importancia le damos, cómo reaccionamos y qué hacemos con ello. Porque nuestro ejercicio de libertad no consiste en conseguir que todo el mundo se comporte como queremos, sino en elegir cómo respondemos cuando no lo hace.
Cada adulto tiene que gestionar sus propias elecciones. Si Beniaján al Día te aporta mucho y ocasionalmente publica algo que te molesta debes valorar ambas cosas, y decidir si el beneficio compensa esa molestia. Puedes ignorarnos. Puedes expresar educadamente tu desacuerdo. Y también puedes marcharte y dejar de leernos y seguirnos en nuestros perfiles en las Redes Sociales. Lo que no puedes dar por sentado es que cualquier cosa que te incomode nos obligue a adaptar nuestro comportamiento a tus preferencias.
Sin embargo, esto, que es muy fácil de entender, choca con la pertinaz idea de un porcentaje de la población que se ha desarrollado creyendo que el mundo en general le debe pleitesía. Y no es un problema puntual que suframos en Beniaján al Día, sino que es un mal que se está extendiendo en la sociedad, y que obliga a muchas personas a replantearse cómo se comporta en público, ante la posibilidad de que diga lo que diga, o haga lo que haga, se pueda encontrar con una turba de gente enfadada, agresiva en las formas e intolerante al respeto y la buena educación.
Nunca la humanidad había disfrutado de tanto bienestar como hoy en día. Somos la cúspide de la evolución y lo que podemos disfrutar excede por mucho a lo que ni siquiera podían imaginar nuestros antecesores. Pero, tal vez, este sea nuestro talón de Aquiles.
Hoy, en España, tenemos a una parte de la población que vive dentro de una burbuja, aislados de la realidad de la vida, creyendo que todo les pertenece; que tienen derecho a lo que deseen y ninguna responsabilidad a cambio. Pero la burbuja en la que viven es tan frágil como una pompa de jabón, y al más mínimo contacto con cualquier elemento explota, dejando a la intemperie a quienes la habitan.
Urge una revisión a fondo de los valores que dominan la sociedad. La necesidad de dar un paso atrás no se puede considerar un retroceso sino el regreso a un estadio más sólido que el de una pompa de jabón. Entender que tu libertad termina donde empieza la de los demás es una casilla segura, que nunca se debió abandonar. Aún están a tiempo de hacerlo por las buenas, antes de que la realidad de la vida se lo imponga por las malas.


