
¿Somos los vecinos de Beniaján unos gañanes?
Más allá de la charanga y el cubata en Beniaján, la cultura se disfruta poco y pasa desapercibida
Llevo años escuchando que en Beniaján «nunca se hace nada» que merezca la pena. Y, en parte, quienes lo afirman tienen razón, por desconocimiento de la realidad. Además, en Beniaján tenemos un problema con la difusión de todo aquello que se programa en la pedanía. Cuando hablamos de que «no se hace nada», nos referimos a eventos, sobre todo culturales y de carácter lúdico.
Para situarnos dentro de nuestra realidad, frente a las otras pedanías del Ayuntamiento de Murcia, cabe decir que Beniaján es una de las cinco pedanías —de las cincuenta y seis que suman el total— que tiene auditorio adscrito a la programación cultural del Ayuntamiento. Las otras son Puente Tocinos, La Alberca, Algezares y Guadalupe. Pedanías como El Palmar, con el doble de población que nosotros, Cabezo de Torres, Sangonera la Verde o Santiago y Zaraiche, con poblaciones similares, no tienen ese privilegio. Pero en Beniaján «nunca se hace nada».
Tal vez el problema no sea ese. Si examinamos con detenimiento la agenda de actos culturales que se programan en Beniaján, y si somos honestos, tenemos que reconocer que contamos con mucho más de lo que merecemos, tanto en cantidad como en calidad. Ya quisieran otros, incluso siendo ayuntamientos propios, poder disfrutar de todo aquello que en Beniaján despreciamos con tanta altivez, como si fuésemos impermeables a la cultura.
Porque a los vecinos de Beniaján parece que nos gusta más quejarnos, por un lado, y disfrutar una y otra vez de la misma escenografía lúdica: música a todo volumen, barra de bar y un Carpe Diem mal entendido, por otro. Da igual la fecha y cómo le llamemos al evento: carnavales, Halloween, Día de Difuntos o Nochebuena. Hay que mover el esqueleto, cubata en mano, y no puede faltar una buena dosis de pirotecnia.
De lo que no nos enteramos, o no queremos enterarnos, es de que más allá de esas fiestas señaladas en el almanaque se programan actividades fantásticas, muchas de carácter gratuito. Un ejemplo fue un recital de piano al aire libre celebrado el pasado mes de mayo en la plaza del centro cultural, al que asistieron «cuatro gatos», como se suele decir. En el mismo lugar, hace escasamente mes y medio, unos osados padres rompieron con la liturgia de pasar de todo, llevando a sus hijos a un espectáculo de payasos (ver aquí), que hizo las delicias de unos pocos pequeñajos. ¿Dónde estaban el resto de los padres y madres y sus hijos? ¿En la inopia?

En nuestro Auditorio y Centro de Artes Escénicas Sebastián Gálvez Arce, para solaz de los pocos vecinos que sí saben apreciar la cultura, se programan con asiduidad eventos que no llegan a ninguna de esas 51 pedanías que no tienen la fortuna que sí tenemos nosotros. Desde este medio intentamos informar con tiempo de cada uno de ellos, para que nadie pueda usar la colletilla «es que no nos enteramos de nada» como excusa que justifique que no les da la gana de ir más allá de la charanga y el botellón.
Pero el problema no es solo de medios de información, que también, porque desde el propio Ayuntamiento, la alcaldía pedánea y las organizaciones que programan actos culturales no es que se esfuercen demasiado para darles difusión: cuatro carteles colocados donde muchas veces ni se ven y anuncios vía Facebook que tampoco invitan a nada, empezando porque rara vez informan más allá de lo meramente formal: día, hora, lugar y el evento en cuestión, sin profundizar. Una prueba de ello la encontramos en el evento de este fin de semana, cuando nos visitará una maestra artesana del esparto para ofrecernos su conocimiento, que nosotros hemos publicitado en esta noticia (ver aquí). Desde las entidades organizadoras no se han molestado en ofrecer más que la formalidad de rigor: ni una mísera nota de prensa para elevar el interés con una biografía de la artesana; ni un vídeo promocional… nada.

Este es uno de los problemas que a veces nos hace pensar qué fue antes, el huevo o la gallina. Si la predisposición a informar de manera eficaz es nula, y a ello se suma que no sabemos apreciar lo que tenemos, el resultado no podía ser otro que esta sensación de que en Beniaján «nunca se hace nada». Ahora que, para enterarnos de un fallecimiento o de que se celebrará Halloween en el parque disuasorio, no se escatima en decibelios paseando por toda la pedanía, vehículo ad hoc. ¿No se podría hacer lo mismo para informar a la vecindad de la programación cultural?: Señores vecinos, les informamos que el próximo domingo, a las doce del mediodía, está programada una obra de teatro para niños en el Auditorio y Centro de Artes Escénicas Sebastián Gálvez Arce. Rogamos a todos los padres que compren sus entradas en la taquilla o en la página web. Precios populares…
No creo que los vecinos de Beniaján seamos unos gañanes. Pero lo que sí creo, para no extenderme —porque el asunto da para un buen debate—, es que ni quienes deben esforzarse por explicar lo que se hace se toman la molestia, ni la vecindad se toma como suya la cuestión cultural, dejándola de lado, para luego poder quejarse de que «en Beniaján nunca se hace nada».
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