
Manual práctico para no enfadarse con el alcalde pedáneo de Beniaján
O cómo dejar de quejarse en la barra del bar
La crítica política es legítima en cuanto se exprese con ánimo de aportar mejoras en la acción de los políticos. Sin embargo, en ocasiones los ciudadanos empleamos la crítica como arma arrojadiza indiscriminada, sin tener en cuenta que existen vías más efectivas para mostrar nuestro desacuerdo, e incluso para hacer ver cómo creemos que se pueden mejorar las cosas.
En Beniaján, todo lo que se circunscribe al ámbito público y a la acción política es mejorable, como en cualquier otro lugar. Y va de suyo que los políticos, de vez en cuando, lleguen con las orejas calientes a casa después de escuchar a los vecinos quejarse por lo divino y lo mundano.
Pero la comunicación de las quejas debe ser progresiva, y solo después de agotar las vías de notificación de los problemas que detectamos o que creemos detectar.
Sirva de ejemplo que, en los últimos tiempos, servidor, que no es precisamente de los que tiene la lengua corta, ha empezado a practicar el noble arte de notificar fehacientemente las deficiencias que encuentro por la vía pública y otros problemas de los cuales tengo conocimiento.
También es cierto que tengo acceso al número de teléfono de Francisco Nicolás, alcalde pedáneo, aunque a estas alturas creo que está en la agenda telefónica de medio Beniaján. Y esto me facilita poder comunicarle en tiempo real todo aquello que considero que es de su intervención como el máximo representante político de la pedanía.
Francisco Nicolás dice que, si no se entera de las cosas, no puede solucionarlas. Y es verdad. Así que yo, que de vez en cuando tengo unos ramalazos de buen ciudadano, me he lanzado a la aventura de colaborar con Francisco, así que, teléfono móvil en mano, retrato y comunico cuantos baches, aceras rotas y focos de inmundicia me voy encontrando por estas nuestras calles de Beniaján: que me encuentro una señal de tráfico caída o arrancada por los burros de turno, comunico a Francisco Nicolás; que veo que en un punto de recogida de basuras sigue cualquier elemento que tendría que haber sido retirado por los servicios de limpieza pero se les ha pasado, comunico. Y así hasta que un día Francisco se harte y me mande a pelar plátanos a Canarias.
Pero, de momento, yo se lo comunico a él y él a quien corresponda. Y los problemas se solucionan con bastante celeridad, tanto que hay veces que pienso que tiene una cuadrilla de operarios atentos a que les dé la orden de que hagan esto o aquello para contentarme.
Fuera bromas, si en vez de quejarnos en redes sociales o en la barra del bar, por una vez todos tomásemos ejemplo y comunicásemos primero antes de criticar, el pueblo estaría más lustroso y ordenado. Baches aparte, que esa es harina de otro costal.
Otra cosa es que Francisco Nicolás pueda seguirnos el ritmo si todos nos ponemos en plan «policías de los desperfectos». Pero eso ya es cosa suya. Le va en la compensación por ejercer el puesto. O no.


