
El PP gasta 2 millones en hologramas turísticos y deja abandonada la Costera Sur
1,9 millones en ciudad inteligente: la gran excusa para seguir ignorando a las pedanías
Los vecinos no pedimos realidades aumentadas ni calculadoras de CO₂ en aplicaciones. Pedimos que el transporte público cumpla su función, que las aceras no sean trampas, que haya luz en las calles y que los servicios básicos no se queden en promesas electorales.
Mientras el Ayuntamiento de Murcia destina casi dos millones de euros a hologramas, sensores turísticos y plataformas digitales, la zona sur del ayuntamiento sigue esperando lo básico: transporte digno, calles seguras y un mantenimiento vial que no llegue siempre tarde.
El Ayuntamiento de Murcia, bajo el mando del Partido Popular, ha vuelto a demostrar su particular sentido de las prioridades. La Junta de Gobierno Local acaba de adjudicar 1.905.049,99 euros (IVA incluido) a la empresa Innovaciones Tecnológicas del Sur S. L. para el desarrollo de una nueva plataforma de ciudad inteligente.
Se trata de un ambicioso paquete tecnológico que incluye:
- La integración de la app municipal MiMurcia con la plataforma Smart Región de la Comunidad Autónoma y el nodo central de la Plataforma Inteligente de Destino (PID) de Segittur.
- Instalación de sensores inteligentes para optimizar el alumbrado público, la gestión avanzada de residuos y la movilidad urbana.
- Videosensores para contar visitantes y controlar aforos en tiempo real.
- Herramientas para calcular la huella de carbono de distintas actividades.
- Despliegue de sistemas de inteligencia artificial y sensorización avanzada para la gestión municipal.
- Digitalización de centros de interpretación como San Antonio el Pobre, La Luz y la Muralla, además del desarrollo de experiencias inmersivas (incluidos hologramas) en el Centro de Interpretación de la Gastronomía.
- Creación de una Oficina Técnica del Dato para gestionar la información municipal, asegurar su interoperabilidad y publicarla en formatos abiertos.
Todo ello con un año de garantía sobre software, hardware y configuraciones.
El proyecto se financia con parte de los más de cinco millones de euros en fondos Next Generation que Murcia captó tras obtener la máxima puntuación nacional (94,9 sobre 100) en la convocatoria de la Plataforma Inteligente de Destino, gestionada por el Ministerio de Industria y Turismo.
Suena futurista, ¿verdad? El concejal de Desarrollo Urbano y Ciudad Inteligente, José Guillén, lo presenta como un paso clave para «consolidar la estrategia municipal de ciudad inteligente», mejorar la gestión de servicios mediante análisis de datos y ofrecer «nuevas herramientas digitales» a ciudadanos y visitantes.
Pero vayamos a la realidad cotidiana de miles de murcianos.
En Beniaján, San José de la Vega, Torreagüera o Los Ramos, los vecinos llevan lustros reclamando mejoras básicas: más frecuencia y horarios decentes en el transporte urbano (muchas líneas desaparecen los fines de semana), mayor seguridad con iluminación adecuada y presencia policial en calles y parques, centros de salud que no se saturen y, sobre todo, mantenimiento vial urgente.
Baches, aceras rotas, pavimentos hundidos y carreteras que parecen pistas de trial ponen en riesgo diario a peatones y conductores. En muchas calles de estas pedanías basta con dar un paseo de cinco minutos para entender dónde está el verdadero problema.
La excusa recurrente del equipo de gobierno para no atender los asuntos que sí interesan a los ciudadanos es que «no hay presupuesto suficiente». Sin embargo, para sensores que cuenten turistas, hologramas en centros turísticos y una oficina dedicada a datos abiertos sí aparecen casi dos millones de euros de golpe.
Euros que, en teoría, podrían destinarse a las necesidades de un ayuntamiento que acumula urgencias, pero que el PP decide enfocar en proyectos que brillan en fotografías publicitarias, informes europeos y ferias de innovación, mientras nuestras localidades siguen en el mismo abandono de siempre.
No se trata de rechazar la modernización —nadie discute que la digitalización y la sostenibilidad sean importantes—. El problema es la desproporción y el orden de prioridades.
Cuando el transporte público en la Costera Sur obliga a familias enteras a depender del coche para todo, cuando un simple bache puede provocar accidentes graves y cuando la falta de mantenimiento lleva años denunciándose sin solución, destinar casi dos millones de euros a hologramas y videosensores para «experiencias inmersivas» parece un lujo desconectado de la realidad.
Los vecinos no pedimos realidades aumentadas ni calculadoras de CO₂ en aplicaciones. Pedimos que el transporte público cumpla su función, que las aceras no sean trampas, que haya luz en las calles y que los servicios básicos no se queden en promesas electorales.
Mientras el PP presume de puntuaciones nacionales y plataformas inteligentes, la Costera Sur sigue esperando que el presupuesto municipal llegue a donde de verdad hace falta: al día a día de la gente que vive fuera del centro y de las zonas turísticas.
Estamos ante la misma historia de siempre: millones para lo que luce en titulares y en Bruselas, pero excusas eternas cuando se trata de arreglar lo que realmente importa.
Y así, mientras unos instalan sensores para contar visitantes, los vecinos instalamos contadores de paciencia para medir los años que pasan sin ver mejoras reales.



