D’j, mojitos y pasteles de carne gratis en Beniaján
El encabezado de este artículo es el precio que paga el Partido Popular para mantener la gobernabilidad en Beniaján y en Murcia. No hace falta proyecto, ni idea, ni visión de futuro. Basta con organizar una y otra vez fiestas, todas iguales, indistintas entre sí, y dejar que la música, el alcohol y la comida gratuita distraigan a la población. Al final, como en los tiempos de los romanos, es una versión moderna de pan y circo: mientras haya ruido y satisfacción inmediata, nadie se pregunta por nada más.
Beniaján tiene casi doce mil habitantes y, a lo largo del año, se celebran actividades culturales de todo tipo, pero apenas atraen atención. Ayer mismo se presentó un libro en la Biblioteca Pública y asistimos ocho personas. A la misma hora, en el centro de mayores, se ofrecía una charla sobre la tradición panadera de las mujeres del pueblo, un tema que habla de identidad y memoria local, y la asistencia fue ligeramente mayor, pero igualmente escasa. Ninguno de estos actos genera interés, mientras que cualquier celebración con DJ, mojitos y pasteles de carne gratis congrega a la multitud con la misma fuerza de atracción que la mierda a las moscas.
Y el patrón no cambia. Da igual Carnaval, Halloween, Navidad, fiestas patronales o eventos veraniegos, cualquier excusa sirve. Lo que le importa a la mayoría no es la festividad ni su contenido, sino la mecánica: música, alcohol y comida. Y a mayor gloria si a la primera ronda invita la casa. Ante este reclamo, el personal responde y acude feliz, olvidando todo lo demás. Así no hay debate sobre calles deterioradas, sobre parques abandonados, sobre actividades culturales vacías, ni sobre plenos municipales que nadie ve ni sigue. La población está encantada, y eso basta. Mayoría asegurada otros cuatro años, salvo pequeños desajustes cada varias legislaturas, cuando el Partido Popular se lleva un sustillo electoral. Nada serio.
Pero recuerdo que hace veinte años muchos vecinos colgaban en sus ventanas pancartas que decían Beniaján se muere. Entonces aún quedaba algo de conciencia y ya se veía claro que la pedanía languidecía bajo el signo del abandono. Hoy, aquel presagio es el epitafio de nuestra pedanía. Beniaján mantiene su población, pero se ha convertido en un lugar donde se duerme sin detenerse a vivir ni a conocer a los demás. La comunidad ha sido reemplazada por un conjunto de individuos que participan únicamente en la mecánica del entretenimiento gratuito. Cada fiesta refuerza ese ciclo y lo hace más fuerte, consolidando un patrón donde la vida social queda subordinada a la diversión tontorrona.
El gasto público refleja esa prioridad. El presupuesto gastado en fiestas supera con mucho lo que se destina al mantenimiento de calles y a mejoras de espacios públicos. Cada DJ, cada mojito y cada pastel gratuito se convierte en un instrumento que mantiene las ganas de votar por aquellos que son tan generosos con el dinero ajeno, asegurando además que nadie cuestione su gestión ni se interese por la vida pública. Lo barato que le sale al Partido Popular es lo caro que nos sale a todos, porque no tiene que convencer ni argumentar, le basta con el Panem et circenses.
Beniaján no se ha muerto por falta de habitantes, sino por exceso de quienes, habitándolo, lo parasitan. Se ha muerto porque la vida pública se ha reducido a un ciclo de entretenimiento vulgar, que la mayoría acepta encantada. La cultura, la memoria y la participación han sido desplazadas por un virus humano que no deja espacio para pensar ni para actuar.
El precio que paga así el Partido Popular por seguir haciendo y deshaciendo es bajo, la ganancia que obtiene es alta y la masa, feliz, colabora como el yonki que hace rico a su camello. Y mientras la plaza se llena con D’Js, mojitos y pasteles de carne gratis, Beniaján se mantiene vivo solo en apariencia y se consume lentamente en un ciclo que a muchos nos avergüenza, pero que no podemos decirlo en voz alta, so pena de ese linchamiento a manos de quienes, entre dignidad o barbarie, han elegido al DJ, mojito y pastel de carne, que a la primera invita la casa.
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Completamente de acuerdo con fiesta y comida se olvidan los problemas reales de todos los pueblos , hace falta una gran revolución