Recogida de enseres: ¿servicio público o abuso?
De servicio público a la caza de la multa: cuando la norma es un absurdo.
Depositar enseres fuera del horario establecido por la ordenanza municipal puede acarrear multas de hasta 12.000 euros. Un dato que llama la atención y que nos recuerda que, detrás de lo cotidiano, hay reglas estrictas. ¿Justo o injusto?
La función de los ciudadanos no es simplemente pagar impuestos y tasas a las administraciones públicas, sino hacerlo para que estas organicen lo público y nos ofrezcan servicios de calidad.
La recogida de basuras y enseres es uno de esos servicios públicos que damos por supuesto, sin otorgarle quizá la importancia que merece. Pero cuando el servicio es ineficiente, enseguida sufrimos las consecuencias. Por tanto, es esencial que toda la rueda que gira en torno a esta prestación esté perfectamente engrasada y coordinada.
Cualquier persona medianamente inteligente entiende que nada puede estar a gusto de todo el mundo; que las quejas son inherentes a una sociedad de múltiples voces, sensibilidades e ideologías. Pero el punto en común entre todas ellas debería encontrarse en la idea de que lo público debe adecuarse, en la medida de lo posible, a que todos los ciudadanos nos sintamos satisfechos con lo que recibimos.
En este sentido, ajustar los horarios para que depositemos en los puntos de recogida aquellos enseres que ya no necesitamos o queremos desechar no parece, en sí, una mala idea, dado que los operarios que se encargan de estas tareas necesitan coordinarse para establecer itinerarios y frecuencias de paso por dichos puntos. También parece lógico que se establezcan directrices para que los ciudadanos depositemos los residuos orgánicos dentro de un horario específico, avanzado el día. Ello se debe a que en nuestra región las temperaturas, durante buena parte del año, son elevadas y, si depositamos los residuos a primera hora de la mañana o en el transcurso de esta, por mucho que lo hagamos dentro de los contenedores específicos, siempre pueden ser fuente de malos olores y un imán para toda suerte de molestos insectos que se alimentan de nuestros desperdicios.
Por norma general, los ciudadanos comprendemos perfectamente que debe haber ciertas normas y que su obligado cumplimiento obedece, efectivamente, a la búsqueda del bien común. Ahora bien, ¿es esto siempre así?
No siempre parece que el diseño de los servicios públicos esté pensado para acomodar la prestación al interés general, sino más bien al acomodo del interés particular de las empresas que los prestan. En este sentido, las quejas vecinales sobre el horario de recogida de enseres —muebles viejos, electrodomésticos, etc.— parecen más que razonables y justificadas.

Establecer un único día de la semana —el martes— en un horario, además, tan limitado como de 20 a 23 horas, no parece que respire ese aire de servicio público que los ciudadanos demandamos. El horario es tan restrictivo que, de facto, elimina la coartada de servicio público para convertirlo en un absurdo que, además, pagamos a precio caro.
Es por esto por lo que lo habitual es encontrar en los puntos de recogida de basura enseres ocupando espacio en la vía pública durante días, dado que la ordenanza municipal indica que solo serán recogidos aquellos que se depositen en el día y horario antes citados. Ante esto, hay una parte de la opinión ciudadana que culpabiliza a quienes se saltan la prescripción del ayuntamiento, sin entender que hay circunstancias que los ciudadanos no tienen por qué asumir. Imaginemos una pequeña reforma en el hogar que requiere la retirada de enseres. Si se realiza cualquier día que no sea martes, nos obliga a almacenar en casa aquello de lo que queremos desprendernos, esperando hacerlo en esa ventana raquítica que nos imponen. Y no en todas las viviendas sobra espacio para tener muebles viejos, colchones o electrodomésticos estorbando.
Lo normal sería que el servicio de recogida de este tipo de enseres ofreciese mayor flexibilidad, aumentando los días de recogida, o que la empresa que se ocupa de ello destinase cuadrillas a repasar los puntos de recogida de basura diariamente. Los ciudadanos pagamos por ello, conviene recordarlo. Y si bien eso no nos da derecho a un servicio a la carta, tampoco debería limitarnos hasta el punto de que tengamos que sufrir su manifiesto mal funcionamiento. ¿Le permitiríamos lo mismo a una empresa privada? ¿Por qué, entonces, tenemos que permitírselo al ayuntamiento, que es, al fin y al cabo, el responsable y a quien le pagamos?
Por cierto, la respuesta del Ayuntamiento ante la imposibilidad de un ciudadano de esperar el día y hora exactos para depositar un enser es clara: si no puede asumir la espera, debe trasladar usted mismo el mueble a un punto de recogida alternativo. Concretamente, se le indica que lo lleve al Ecoparque situado en San Ginés. La administración recuerda, además, que el servicio de recogida tiene un teléfono gratuito de atención (900 511 133) y una web Murciaciudadsostenible.es para gestionar las citas. Esta solución, si bien existe, subraya el argumento central: la inflexibilidad del servicio público se traspasa al bolsillo y al esfuerzo del ciudadano, quien, en última instancia, acaba asumiendo el coste logístico de una prestación por la que ya está pagando.