Murcia: capital mundial del «feísmo»
Feísmo urbano en Murcia: carteles, basura y publicidad que degradan la ciudad
Hay que reconocer que el ingenio murciano no tiene nada que envidiarle a ningún otro. Y esta muestra que compartimos con nuestros lectores así lo atestigua, tocando además un punto que nos parece conveniente abordar, porque esto, más que suscitar la broma, el chance o este despliegue de humor, es una realidad que ahonda en lo que en Galicia, tierra donde también tiran de ironía, han denominado como «feísmo».
Pero, ¿qué es exactamente eso del feísmo?
El término se utiliza para describir un fenómeno muy concreto: la acumulación de construcciones improvisadas, añadidos sin armonía, materiales dispares y fachadas inconclusas que fueron poblando el paisaje rural y urbano a lo largo de las últimas décadas. El resultado era una suerte de desorden estético —a veces entrañable, otras doloroso— que rompía con la unidad visual de los pueblos y las ciudades. Más que una cuestión de gusto, el feísmo hablaba de una forma de hacer: de la necesidad, del «apaño», del «ya lo terminaré», del impulso de mejorar la casa sin reparar en cómo quedaba.
Con el tiempo, el concepto se amplió y empezó a aplicarse a todo aquello que, dentro del espacio urbano, degrada el entorno común: cables cruzando fachadas, rótulos sin medida, mobiliario urbano disonante o espacios públicos invadidos por elementos sin orden ni concierto. Es, en definitiva, una estética del descuido, fruto de la improvisación o de la falta de planificación, pero también de cierta tolerancia hacia la fealdad cotidiana.
En ese sentido, lo que muestra el tuit no queda fuera del fenómeno, sino que lo actualiza. Esa maraña de carteles de «se hacen portes», «reparo máquinas de coser» o «vendo jamones», pegados en postes, farolas y contenedores, podría considerarse una nueva forma de feísmo urbano: el feísmo publicitario o feísmo visual. No hay mala intención, al contrario: hay una necesidad de comunicación directa y popular. Pero el resultado es el mismo que en el caso clásico: una invasión del espacio compartido que, poco a poco, va cubriendo la ciudad de señales, pegatinas y anuncios que ensucian el paisaje y lo vuelven caótico.
Y si ampliamos un poco el enfoque, el feísmo no se queda solo en lo visual. Basta pasear por cualquier barrio para ver cómo los contenedores se convierten en improvisados vertederos, rodeados de muebles viejos, cajas o restos de poda. Otro tipo de basura, sí, pero igualmente expresiva de esa costumbre de dejarlo todo a medio hacer, de no mirar el entorno como algo que también nos pertenece. Basura visual y basura física, juntas, dibujan un mismo paisaje de descuido que habla de la relación de los vecinos con la ciudad y de la falta de cuidado por lo común.
Detrás de todo esto hay una lectura más preocupante. El feísmo no es solo una cuestión estética: también es cultural. Surge donde el orden institucional no llega, donde la norma no se cumple o no se siente como propia, y donde el ingenio cotidiano encuentra su propio modo de resolver. Pero, en última instancia, ese ingenio, al no tener límites, acaba generando una basura urbana que perjudica a todos: una contaminación del entorno que erosiona la identidad de la ciudad y su relación con quienes la habitan.

Y aquí viene lo curioso —y lo más grave—: todo esto está expresamente prohibido por la normativa municipal. Existen ordenanzas específicas del Ayuntamiento de Murcia que regulan la colocación de carteles, pegatinas o cualquier tipo de publicidad en mobiliario urbano, fachadas o elementos de la vía pública. Normas que, además, contemplan sanciones económicas para quienes las incumplen.
Normativa municipal y sanciones por publicidad y desechos en la vía pública
La normativa del Ayuntamiento de Murcia lo deja claro: no es solo una cuestión de estética, sino de orden, civismo y respeto al espacio público. Según la Ordenanza Municipal Reguladora de la Publicidad Exterior —«la publicidad exterior deberá sujetarse a las condiciones que garanticen la protección, el mantenimiento y la mejora de los valores del paisaje urbano, medio ambiente y de la imagen de la ciudad»— puedes consultarla aquí: Ordenanza Reg. de Publicidad Exterior. Esto incluye, por supuesto, todo soporte visible desde la vía pública: postes, farolas, fachadas, contenedores, mobiliario urbano.
Por otro lado, la Ordenanza de Limpieza Viaria y Gestión de Residuos Urbanos o Municipales impone obligaciones aún más amplias. En su artículo 11 se afirma que «queda prohibido arrojar a la vía pública todo tipo de residuos o desperdicios», e incluye dentro de los residuos urbanos «muebles, enseres y vehículos abandonados». Puedes verlo en el listado de ordenanzas del municipio: Ordenanzas Municipales Murcia. En otras palabras: dejar trastos, cajas, restos o cualquier residuo junto a contenedores o en aceras no es solo un descuido estético, es una infracción normativa.
Las sanciones están previstas para actuar con contundencia. En la ordenanza sobre publicidad se establece un capítulo específico de régimen sancionador, donde se incluyen infracciones de diverso grado: leves, graves y muy graves; y donde se contempla «la imposición de las sanciones correspondientes» junto con la posibilidad de ordenarse «la retirada inmediata de los elementos situados en dominio público» cuando estén instalados sin título habilitante. En el caso de limpieza viaria, además, el Ayuntamiento puede exigir al causante del deterioro la reparación de la afección, «sin perjuicio de las sanciones que puedan corresponder o de las responsabilidades civiles o penales que hubiera lugar».
Para el lector que piensa que estos casos —carteles en postes o muebles junto a contenedores— parecen «detalles mínimos», conviene recordar que la normativa los contempla como parte de un todo. La publicidad no autorizada, los residuos abandonados, la ocupación inadecuada del espacio público: cada una suma al deterioro del entorno, y todas tienen consecuencias legales. Y no se trata solo de multar: se trata de preservar el bien común, la imagen de la ciudad y la convivencia en el espacio compartido, para no terminar convirtiéndolo todo en un claro ejemplo de feísmo urbano.
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