La Candelaria en Beniaján: historia de una tradición
Una devoción entre lo religioso y lo popular que sobrevive en Beniaján
En Beniaján, la festividad de la Candelaria es una de esas tradiciones que se resisten a desaparecer. Lejos de ser solo un recuerdo del pasado, sigue formando parte de la identidad local. Pero, ¿conoces realmente de qué trata esta festividad y cómo se vive hoy en día?

La bendición de las velas y su simbolismo
El origen de esta celebración en Beniaján se asienta en la festividad de la Purificación de la Virgen y la Presentación del Niño Jesús en el Templo, rito que cierra el ciclo de la Navidad exactamente 40 días después del 25 de diciembre. Históricamente, este acto se fundamenta en la tradición de las «Lucernarias», procesiones de luz que en el mundo antiguo simbolizaban la llegada de la claridad frente a las sombras del invierno.
En el contexto parroquial, la bendición no era un acto menor; las velas (candelas) eran consideradas sacramentales. Esto significa que, tras la bendición del sacerdote el 2 de febrero, el objeto dejaba de ser un producto de cera común para convertirse en un elemento de protección sagrada para el hogar.
La Iglesia permitía que cada familia llevara sus propios cirios, lo que generaba un vínculo directo entre la liturgia del templo y la seguridad de la casa. Esta bendición masiva de la luz es lo que da nombre a la festividad («Candelaria») y establecía el «seguro espiritual» que los vecinos de Beniaján renovaban año tras año cada mañana de febrero.
El vínculo con el ciclo agrícola
En una localidad como Beniaján, cuya historia y economía han estado íntimamente ligadas a la tierra, la Candelaria funcionaba como un marcador temporal imprescindible. Esta fecha representaba el «punto de inflexión» entre el rigor del invierno y el anuncio de la primavera. Los agricultores observaban el cielo ese día con especial atención, pues se creía que el tiempo que hiciera el 2 de febrero determinaba el éxito de las próximas cosechas de cítricos.
Esta observación quedó cristalizada en el refrán que los mayores de la zona siguen repitiendo:
«Cuando la Candelaria plora, el invierno va fora; cuando ríe, quiere venir».
1-Hogueras y protección de la cosecha
Era costumbre encender hogueras o «luminarias» durante la víspera. Este fuego no era meramente festivo, sino que cumplía una función de rito de purificación para «quemar» lo malo del invierno y simbolizaba la petición de una temperatura estable que no dañara los brotes nuevos en la huerta.
2-La Virgen en la vida doméstica y creencias populares
Históricamente, la Candelaria ha sido en Beniaján una devoción íntima y familiar. Existían reglas no escritas que muchos vecinos aún respetan:
- El rito del apagado: La tradición dictaba que la vela de la Candelaria no debía apagarse soplando, ya que se consideraba que se perdía la bendición; se hacía con los dedos o una cuchara tras persignarse.
- El «bien morir»: Se encendía para acompañar a los enfermos en sus últimos momentos para que tuvieran paz y no murieran a oscuras.
- Presagios: Si la vela chisporroteaba, se interpretaba como una señal para rezar por algún familiar ausente que pudiera estar pasándolo mal.
3-Oración antigua a la Virgen de la Candelaria
Virgen santa de la Candelaria,
luz bendita del buen caminar,
alumbra esta casa de noche y de día,
guárdanos del mal y del pesar.
Que tu candela nos dé consuelo,
que no falte pan ni salud,
y cuando llegue la hora postrera,
llévanos, Madre, a la eterna luz.
Cómo se celebra la Candelaria en Beniaján hoy en día
Actualmente, la festividad se mantiene como una cita en el calendario de Beniaján, gracias al impulso de la vida parroquial y al trabajo de las hermandades locales que impiden que la tradición se pierda.
El papel de la Hermandad del Rosario
La Hermandad de la Virgen del Rosario es la encargada de coordinar los actos principales, manteniendo elementos que son únicos en la zona:
- La bendición y el rito de la luz: Más que una procesión al uso, se realiza un recorrido simbólico con las candelas encendidas dentro del templo, representando la entrada de la luz en el hogar.
- Rifa de la tortada: Se mantiene la rifa de la tradicional tarta de merengue, un acto muy esperado que se celebra en los salones parroquiales o en la plaza para sufragar los gastos de la Hermandad.
- Suelta de pichones: Se realiza en la puerta de la iglesia como gesto simbólico de la presentación del Niño en el Templo.
- Presentación de los niños: Los padres llevan a los niños nacidos en el último año para ser presentados ante la imagen de la patrona, que luce ese día sus mejores galas de Candelaria.
Convivencia y dulces tradicionales
Al finalizar la liturgia del 2 de febrero, los vecinos solían mantener la costumbre de reunirse en los alrededores del templo. Este encuentro, donde se compartían dulces y conversación, es el que realmente garantizaba que la esencia de la Candelaria siguiese pasando de una generación a otra en la pedanía.