Churros el 1 de enero en Beniaján: la tradición más dulce
Descubre la historia y tradición de desayunar churros en Año Nuevo
El chocolate con churros es uno de los grandes clásicos de la gastronomía española, sobre todo en invierno. Es ese desayuno o merienda que reconforta en los días fríos, con una masa frita crujiente que se moja en un chocolate espeso y caliente. Esta combinación se hizo realmente popular en el siglo XIX, cuando las churrerías empezaron a extenderse por ciudades como Madrid, Zaragoza o Andalucía. Era algo barato, energético y perfecto para el clima invernal, y pronto se convirtió en un placer cotidiano para mucha gente.
El origen exacto de los churros es un misterio que ha dado pie a varias teorías, ninguna probada al cien por cien, pero todas interesantes. Una de las más repetidas en España es la de que, sin hornos para hacer pan, los pastores nómadas de nuestras montañas mezclaban harina, agua y sal, y freían la masa en una sartén sobre la hoguera. Era práctico y daba fuerzas para el día duro. Además, muchos dicen que el nombre «churro» viene de la raza de ovejas churras, típica de Castilla y León, porque sus cuernos retorcidos se parecen a la forma rizada de los churros gruesos.

Otra teoría muy extendida apunta más lejos: a China, donde desde hace siglos se come el «youtiao», unos palitos de masa frita salados que se parecen mucho a los churros (aunque sin azúcar). Se cree que los portugueses, en sus viajes comerciales del siglo XVI, los descubrieron, los trajeron a Europa y aquí los adaptamos: les dimos forma de estrella con la churrera y los hicimos dulces.
También hay quien habla de influencias árabes: durante los siglos de presencia musulmana en la Península, se popularizaron masas fritas como los buñuelos o las «zalabiyas», endulzadas con miel. Algunos expertos ven en eso un antecedente directo de los churros. E incluso hay historiadores que remontan frituras similares a la Antigua Roma o Grecia. Al final, como pasa con muchas recetas antiguas, los churros son probablemente una mezcla de todas estas influencias, pero en España los hicimos completamente nuestros.
La costumbre de tomarlos justo el 1 de enero no tiene un origen mítico ni religioso, como las uvas. Surgió de forma práctica a finales del siglo XIX y se afianzó en el XX. El Día de Año Nuevo era festivo, casi todo cerraba, pero las churrerías abrían desde primera hora. Tras la larga noche de fiesta, con frío, hambre o resaca, nada mejor que algo caliente, dulce y barato. Los que habían trasnochado terminaban allí la juerga, y las familias salían a desayunar juntos. Año tras año, se fue transmitiendo de padres a hijos, convirtiéndose en tradición social. Hoy, encuestas recientes muestran que casi siete de cada diez españoles eligen churros o porras para empezar el año, porque reconforta, une y pone buena cara al nuevo año.

En Beniaján lo vivimos con la misma ilusión, con ese ambiente cercano de pueblo. Y el mejor sitio para disfrutarlos es, sin duda, el puesto de churros en Monteazahar. Los preparan al momento, con masa fresca: crujientes por fuera, tiernos por dentro, y un chocolate espeso y sabroso de calidad insuperable. El 1 de enero abren temprano, como siempre, y verás a vecinos de todas las edades charlando mientras esperan su ración.
Esta tradición no promete milagros, pero sí un arranque de año dulce y calentito. Así que este 1 de enero de 2026, vecinos, ¡al puesto de Monteazahar! Mojad bien los churros, disfrutad del chocolate y empezad el año con energía. ¡Feliz Año Nuevo y que aproveche!
Fuentes de las imágenes:
- Imagen principal: Pixabay, de uso libre. Puedes descargarla [aquí].
- Imagen de Youtiaos: Pixabay, de uso libre. Puedes descargarla [aquí].
- Imagen del puesto de churros: Churrería en el jardín de Montazáhar, Beniaján. © Beniaján al Día