Beniaján: Persisten las escombreras ilegales
Un problema que no desaparece pese a las denuncias y las promesas de limpieza
En Beniaján, las escombreras ilegales siguen siendo un problema al que no parece que sepamos ponerle solución. Por doquier se acumulan escombros de obras, muebles viejos, electrodomésticos, colchones y otros residuos, generando focos de plagas, malos olores y riesgos sanitarios que nos afectan a todos.
Por mucho que se insista en que tirar escombros en cualquier lugar sin control no es aceptable —porque daña el entorno, afecta a la naturaleza y degrada el pueblo—, es imposible poner coto a esta práctica si no se actúa con más decisión. En la mayor parte de los casos, siendo sinceros, la culpa no recae en las autoridades, sino en el incivismo, en quienes no miden el daño que causan a su propio entorno y a la convivencia con los demás.
La normativa que regula estos vertidos es la Ordenanza Municipal de Limpieza Viaria y Gestión de Residuos Urbanos del Ayuntamiento de Murcia, que prohíbe arrojar materiales en vías públicas, solares o márgenes de caminos, limita las cantidades que pueden depositarse en contenedores normales y exige permisos para mayores volúmenes. La ordenanza distingue entre infracciones leves, graves y muy graves: las leves incluyen depósitos menores o fuera de horario, las graves implican cantidades superiores o en lugares sensibles, y las muy graves afectan a vertidos que suponen riesgos sanitarios o ambientales importantes. Las multas van desde 100–300 euros en los casos leves, 1.500–12.000 euros en las graves y hasta 60.000 euros en las muy graves.
Hay precedentes en Murcia con sanciones de hasta 60.000 euros por vertidos industriales y de 1.500 a 3.000 euros en pedanías por arrojar escombros ilegalmente, pero sin una aplicación rigurosa, estas normas no disuaden lo suficiente, por lo que hace falta que los castigos sean realmente ejemplares y se impongan sin contemplaciones, especialmente en las zonas más vulnerables.
Pero las sanciones carecen de fuerza disuasoria sin el control y vigilancia en caminos secundarios, ramblas y solares apartados, y, si bien el Ayuntamiento ha intensificado la vigilancia con drones y campañas, y ha limpiado cientos de solares privados en los últimos años, el problema no parece solucionarse y la sensación es la de que, por cada vertedero o escombrera que se limpia, surgen tres o cuatro más, lo que demuestra que la acción administrativa por sí sola no basta.
Sabemos que no se puede colocar cámaras o policías en todos los rincones de la pedanía, salvo que quisiéramos un control total al estilo de 1984 de George Orwell. Por eso, aunque la administración tiene su parte de responsabilidad, la clave está en que los vecinos tomen conciencia del daño que generan sus actos y utilicen correctamente los recursos disponibles para desechar residuos.
La solución pasa por un equilibrio: sanciones que se cumplan, vigilancia selectiva donde más falta hace, alternativas accesibles como la recogida de voluminosos (900 511 133) o la creación de más ecoparques, y, sobre todo, responsabilidad vecinal. Denunciar vertidos, usar los servicios correctamente y no contribuir al incivismo debe reducir notablemente el problema y proteger nuestro entorno, manteniendo limpia la pedanía y garantizando la convivencia.
Lo que no puede ser es que, en vez de pasear por la huerta de Europa, a veces tengamos la sensación de hacerlo por un paisaje postapocalíptico.