Beniaján, ¿es necesaria esta falta de respeto?
La Canibalización de la Fiesta de Todos los Santos por Halloween
En las últimas tres décadas, la festividad de Halloween, originaria de la cultura anglosajona, ha echado raíces de manera indiscutible en España. El 31 de octubre se ha consolidado en nuestro calendario como una noche de disfraces, calabazas y terror lúdico, incorporándose al ciclo festivo sin apenas resistencia popular. Y no hay nada intrínsecamente malo en ello: una nueva fiesta, asimilada de forma espontánea, es un reflejo de una sociedad dinámica y abierta.
Sin embargo, la adaptación cultural se convierte en canibalización cuando, en nombre de la nueva celebración, se atropella el significado de la tradición que le sigue. La línea divisoria entre la noche de Halloween (31 de octubre) y el Día de Todos los Santos (1 de noviembre) es clara en el calendario, pero parece haberse vuelto peligrosamente borrosa para nuestras instituciones locales. Ante este desdibujamiento, cabe interpelar directamente a la Junta Municipal de la pedanía de Beniaján. Sus autoridades —lideradas por el Partido Popular— deben responder a una pregunta esencial: ¿Por qué no han respetado la necesidad de circunscribir la fiesta de Halloween, con su carácter lúdico, estrictamente al 31 de octubre?
La programación de actos festivos, más propios de carnavales o de un jolgorio de discoteca que de un día dedicado al recogimiento y al respeto por los difuntos, que prolonga las celebraciones de Halloween al día 1 de noviembre constituye un acto de insensibilidad, rayano en el desprecio por la cultura propia y el sentir de una parte de la ciudadanía.
El 1 de noviembre no es un día festivo cualquiera en España. Es una de las fechas más señaladas en nuestra cultura, un momento de recogimiento, respeto y memoria. Es el día en que millones de españoles acuden a los cementerios para visitar a sus familiares fallecidos, un encuentro íntimo con el recuerdo que, para muchos, es incluso especialmente doloroso si la pérdida es reciente.
Este es un día de silencio respetuoso y encuentro familiar. Es la tradición propia de siglos, la que evoca la banda sonora piadosa de los toques de campana por las ánimas.
La decisión del equipo de gobierno de Beniaján de extender la celebración festiva de Halloween al día 1 de noviembre demuestra, en primer lugar, una falta de respeto por una tradición de hondo calado cultural. Y, en segundo lugar, una ausencia de sensibilidad hacia el dolor y el recogimiento de aquellos vecinos que desean honrar a sus muertos en un ambiente de solemnidad.
Nadie cuerdo está en contra de que Beniaján o cualquier otro lugar celebre Halloween el 31 de octubre. Es una fiesta más, con derecho a existir. De hecho, aquellos que optan por el recogimiento y la tradición ancestral del 1 de noviembre no impiden que quienes deseen celebrar Halloween lo hagan.
La paradoja es que nos encontramos con el fenómeno opuesto: la fiesta frívola, impuesta y prolongada en su celebración por una decisión institucional, pisa y ahoga el día sagrado de la cultura española.
No se trata de prohibir, sino de respetar y saber diferenciar. Un equipo de gobierno tiene la responsabilidad de ser el guardián y el promotor de su cultura local, no el agente que, por una supuesta modernidad o ánimo festivo mal entendido, socava uno de los días más significativos del calendario emocional de sus ciudadanos. La pregunta sigue en el aire: ¿es necesario pisotear el Día de Todos los Santos para que Halloween tenga un día más de vida en Beniaján? Claramente, no. Y ante la previsible falta de respuesta a esta pregunta, se evidencia una alarmante ceguera institucional.