El Casino Agrícola de Beniaján se muere
De esplendor a agonía: un siglo de historia en declive
Hoy, a duras penas cubre el expediente para mantener el estatus de entidad funcional, con actividades que justifiquen que siga ocupando el espacio público del que disfruta. Y es en este punto donde la fricción entre la realidad y lo ilusorio choca, en tanto que, con estos mimbres, difícilmente podrán sostener por mucho más tiempo el derecho de uso de unas instalaciones que necesitan justificarse, puesto que su mantenimiento sale del pecunio público.
Si hay una institución en Beniaján que, a pesar de su historia e importancia para la pedanía, hoy vive sus horas más bajas, hasta el punto de parecer un «cadáver» que se niega a ser enterrado, esa es el Casino Agrícola de Beniaján.
Con menos de 150 socios —y bajando—, que abonan una cuota anual de 30 euros, pensar en su supervivencia como institución, teniendo en cuenta además la media de edad de sus componentes, es un ejercicio de optimismo sin medida.
Pero antes de explicar las razones por las que el Casino de Beniaján parece tener sus días contados —algún año más—, hagamos un recorrido por sus orígenes e historia para situarnos en el presente, de manera que comprendamos el drama en el que vive.
Historia del Casino de Beniaján
El Casino Agrícola de Beniaján, también conocido como Círculo Agrícola Beniajanense, surgió en un momento de notable expansión económica y demográfica de Murcia, impulsada por el ferrocarril y el auge agrícola de finales del siglo XIX y principios del XX.
Registros del Archivo General de la Región de Murcia documentan la existencia formal de un Casino Agrícola en Beniaján el 13 de mayo de 1912, con junta directiva, cuotas sociales y fines recreativos. No obstante, la consolidación de la entidad como Círculo Agrícola Beniajanense se fecha de manera unánime en 1923. En sus primeros años ocupó un local en la calle Mayor, donde funcionaba como punto de encuentro vecinal para juegos, tertulias y actividades sociales en plena bonanza de la huerta.
En 1927, la sociedad adquirió el antiguo cuartel de la Guardia Civil en la plaza de San Antón —hoy avenida Fabián Escribano—, trasladándose a su ubicación actual en el corazón del pueblo. Cuatro años más tarde, en 1931, se instaló definitivamente en el edificio del antiguo cuartel tras las correspondientes reformas.
El punto álgido de su historia llegó en la década de 1950. El Casino Agrícola se convirtió en uno de los cinco más importantes de la provincia de Murcia, alcanzando miles de socios y una fama que trascendía los límites locales. Lejos de configurarse como un club exclusivo, promovió actividades lúdicas y culturales abiertas a todo el público: bailes, fiestas, conciertos y actos sociales que marcaron la vida comunitaria durante décadas. Su labor fue calificada repetidamente de «ejemplar» tanto por la Administración como por los vecinos.
La Guerra Civil (1936-1939) afectó duramente a Beniaján —con pérdidas materiales generalizadas y el incendio de la iglesia de San Juan Bautista—, pero no existen referencias específicas a daños directos en el casino, que mantuvo su actividad en el difícil contexto de la posguerra.
A lo largo de la segunda mitad del siglo XX continuó siendo el centro neurálgico de la sociedad beniajanense. Sin embargo, como ocurrió con otros casinos históricos de pedanías murcianas, las últimas décadas del siglo XX y principios del XXI trajeron consigo el progresivo envejecimiento de la masa social y el cambio de hábitos recreativos, lo que generó las primeras tensiones de sostenibilidad.
En enero de 2025, el diario La Verdad lo citó como ejemplo de casino de pedanía que logró «salvarse» frente al cierre o venta de otras entidades centenarias gracias a su adaptación y al respaldo vecinal.
El Casino Agrícola hoy
Hoy, más de un siglo después de su nacimiento, el Casino Agrícola de Beniaján sigue abierto como asociación sin ánimo de lucro, pero alejado de su papel de referente sociocultural de la pedanía. Mantiene su sala de lectura, juegos, billar, ajedrez y una cafetería abierta al público. Sin embargo, como les ha ido sucediendo a sus homónimos de otras pedanías, y a pesar del sostén del Ayuntamiento de Murcia —que se hizo cargo de las instalaciones, aunque estas están cedidas para el uso y disfrute de los socios del Casino por un periodo de 99 años—, la falta de relevo hace que el número de socios decaiga, sin que haya reposición para quienes causan baja, sobre todo por fallecimiento.
Esta situación, que tal vez en el caso de nuestro Casino aún pueda ser reversible, es crítica y pone de manifiesto aquello de que «cualquier tiempo pasado fue mejor».
El gran reto del presente del Casino Agrícola de Beniaján
En estas circunstancias, hace pocas fechas los socios del Casino Agrícola de Beniaján acudieron a las urnas para elegir a un nuevo presidente, después de la dimisión en bloque de la anterior junta directiva. Resultó elegido Francisco Alcázar Martínez, con 28 votos a favor, frente a los 10 de la candidatura de Venancio Arce Martínez y cuatro votos en blanco.
Como se puede comprobar por este escrutinio, la masa social del Casino Agrícola de Beniaján dista mucho de representar la fuerza que antaño ejercía la institución en el pueblo de Beniaján y alrededores.
Hoy, a duras penas cubre el expediente para mantener el estatus de entidad funcional, con actividades que justifiquen que siga ocupando el espacio público del que disfruta. Y es en este punto donde la fricción entre la realidad y lo ilusorio choca, en tanto que, con estos mimbres, difícilmente podrán sostener por mucho más tiempo el derecho de uso de unas instalaciones que necesitan justificarse, puesto que su mantenimiento sale del pecunio público.
Esto bien lo supo ver la directiva saliente, tras múltiples intentos por dotar al Casino de una imagen renovada, acorde con los tiempos que corren. Pero se vio atenazada por el problema principal que corroe los cimientos de la institución, que no es otro que los propios estatutos y, tal vez, la cerrazón de la mayoría de los socios, que se resisten a entender que, sin una renovación integral que haga del Casino Agrícola de Beniaján una institución atractiva y funcional para los intereses de una masa social amplia, su destino es la desaparición.
Esto se aprecia con mayor claridad en el caso de la cesión del uso de la cafetería, que, según los estatutos de la asociación, está para dar servicio a los socios. Sin embargo, sin clientela exterior, esto es hoy en día un sinsentido económico. Hecho que se agrava teniendo en cuenta que las instalaciones de las dependencias hosteleras —y, en general, las de uso del Casino Agrícola— requieren un mantenimiento que, en teoría, debe prestar el Ayuntamiento de Murcia, institución que tiene en su agenda otras prioridades de gasto. Y, como el propio Casino tampoco está en disposición de abordarlo por falta de medios económicos, los gestores del local se quejan de desatención, y los socios del Casino lo hacen asimismo culpando a los gestores de la cafetería de que no se les atiende adecuadamente. Así, todos enfadados, sin que nadie resuelva el problema de raíz: sin socios ni actividad que lo justifique, el Ayuntamiento no se va a hacer cargo de nada extraordinario, por lo que el círculo vicioso se agranda en vez de disminuir.
La viabilidad del Casino Agrícola de Beniaján
Con este panorama, la viabilidad del Casino Agrícola de Beniaján pasa únicamente por su reconstrucción como entidad social, adecuando sus estatutos a lo que requieren los tiempos y convirtiendo sus instalaciones en un complejo atractivo para nuevos socios.
La gente ya no paga por ir a leer el periódico o jugar una partida al dominó. Lo que la sociedad demanda es que el Casino de Beniaján cumpla una función social, atrayendo charlas, cursos, presentaciones, seminarios, exposiciones, etc., y que las actividades no solo reflejen las inquietudes de unos pocos, sino que sean un imán para todo el mundo.
La apertura de miras, entender que hoy lo social se juega en internet en gran parte, que lo que se negocia son relaciones y aprendizajes, y no el precio de limones y naranjas, se antoja como la lección que deben aprender los actuales socios del Casino, que además deben desprenderse de esa aura de exclusividad que ha funcionado durante casi un siglo, pero que hoy no suscita ningún atractivo.
Si los socios no quieren dejar morir su historia, deben empezar a escribir un capítulo nuevo, distinto a todo lo anterior, dentro del libro de su vida. O terminarán siendo un recuerdo al que a nadie importe.